Culpables: ¿230, 1290, maestros o quién?

Columna desde Nod

Por: Alejandro García Gómez

A fines del gobierno de Andrés Pastrana, esta columna recibía con alarma el nuevo decreto 230/02, sobre evaluación y promoción en educación básica y media (“Otro baculazo a la bartola”, EL MUNDO, 5.III.02). Quizá por la cantidad de escándalos de cada día o porque nos acostumbramos a la educación como la cenicienta de la que nadie se ocupa, ni columnistas ni editorialistas se pronunciaron sobre esa nueva imposición del FMI y del Banco Mundial para con nuestro siempre obsecuentes gobiernos.

El camuflaje para entonces fue que ese decreto iba a acabar con la deserción escolar, según el Mineducación Kiko Lloreda. En realidad ese gobierno buscaba abaratar costos educativos al país con aquellos estudiantes cuyo proceso de aprendizaje fuera más dificultoso y precisara del recurso que los otros no necesitan: la repetición del año escolar cuando el número de asignaturas con dificultades es reiterado. Se requerían más maestros pero ni el FMI ni el BM lo permitirían. Así nació el 230/02 cuya autoría hoy ya no se le atribuye al ministro que firmó –Kiko Lloreda- sino a Cecilia Vélez, quien era Secretaria de Educación de Bogotá para entonces y quien llegó al ministerio en seguida.

Finalizado el gobierno del fatuo Pastrana e iniciado el Uribe I, se volvió a insistir en su suspensión (“El 230/02”, EL MUNDO, 28.X.02). Se le aplicó entonces un maquillaje: se lo pretendió mejorar con el aumento de letras en las calificaciones: de E, S e I se cambió a E, S, A, I y D. Continuamos alertando sobre el peligro que significaba para las generaciones venideras su perverso artículo noveno que ordenaba que debía ser promocionado “un mínimo del 95% de los educandos que finalicen el año escolar en cada uno de sus grados”. Señalaba entonces: “Ojalá que el laberinto infinito de mediocridad, al que nos está llevando el FMI, no nos despierte demasiado tarde ‘...’ Tendríamos que esperar varias generaciones para volver a estar, por lo menos, en la pobre situación donde nos encontramos hoy”. Nuevamente fue en vano nuestro llamado.

Empezaba la era de la Mineducación Cecilia Vélez que duró 8 años y que llevó a la educación colombiana a disputarse los últimos puestos con las de Africa central en Matemática y Lengua Materna. En esos 8 años se volvió a cuestionar desde esta columna esta actitud y este decreto (“el perverso 230/02”, nov. de 2006,  “Promoción automática y 230/02”, marzo2008 y otros), por el cual miles de estudiantes con 3, 4 y hasta 9 y 10 asignaturas con insuficiencias pasaban al siguiente grado sin problemas.

Todo siguió igual, hasta que en 2009, y después de que fuera ya imposible negar el fracaso, la Mineducación Vélez sacó de la manga el decreto 1290 -un lavatorio de manos- después de un pretendido proceso de legitimación democrática en el año 2008. Lavatorio de manos porque después de tanto fracaso, dejó en manos de cada colegio el cambio. Con el 1290, los profesores en todos los colegios del país han intentado volver a la exigencia académica, apartándose cansados de la sinvergüenzada del 230, a pesar de la espada de Damocles que pende sobre los colegios, que serían lanzados como negocio a manos de particulares por los resultados de pérdida académica estudiantil, y a pesar del riesgo que representa perder  un millón de pesos por estudiante que se retire.

Hoy un inmenso porcentaje de estudiantes están “perdiendo el año”. Los padres de familia achacan el descalabro a los docentes, los maestros a la perversidad del 230 que relajó a estudiantes y padres, y los estudiantes al 1290 y a sus maestros. Los altos funcionarios del Ministerio de Educación se lavan las manos e intentan diluir el problema generalizando responsabilidades.

Pero son los tres gobiernos anteriores quienes deben asumir esta responsabilidad en política educativa: Andrés Pastrana y Uribe I y II, así sus respectivos ministros de educación mencionados callen. A la nueva ministra María Fernanda Campo la veremos o enfrentar este problema o “pasar de agache”. Hasta ahora no ha dicho nada.

Sólo algo semejante a una rápida y gran convocatoria nacional a estudiantes, padres de familia y docentes a analizar la realidad del proceso hoy, podría ser lo único sensato en este momento. El Ministerio de Educación, la ministra Campo, tienen la palabra.

Nota.- Por viaje se suspende temporalmente esta columna. 18.X.10