“Cinco esquinas”, Keiko y el criminal fujimorato

Desde Nod
Por Alejandro García Gómez.
pakahuay@gmail.com

Con una buena narración, Vargas Llosa nos acaba de entregar Cinco esquinas. Con las formas del thriller de la llamada novela negra –uno añorará siempre la excelsitud alcanzada en Conversación en la Catedral-, hace un recuento del fujimorato en sus más macabros momentos y, luego, en su caída. Con el fin de evitar ser “empapelado” en los tribunales, hace una advertencia perentoria antes del comienzo del primer capítulo.


La anécdota de la que se vale la extracta de la inmundicia de ese régimen que permeó a lo más granado de la sociedad peruana y que acá en Colombia tuvo grandes defensores entre una parte del pequeño y gran periodismo, el mismo que –también acá- apoyó las tropelías y crímenes del Coloso Carnicero chileno Pinochet. Claro está que nunca se sabrá cómo habría sido el neoliberal gobierno del nobel peruano (implicado hoy en los Papeles de Panamá), ya que fue derrotado por una coalición de “El chino” con la izquierda. La presidencia del siniestro Fujimori fue perversa y criminal, de acuerdo con los tribunales que lo juzgaron y lo condenaron a penas que aún paga. Según la novela, el “Doctor” (Vladimiro Montesinos) reclutaba periodistas de baja laya para acabar moral y económicamente con sus contradictores o con los de El chino o de los militares o jueces o, en general, del monstruo gubernativo. El protegido “periodista” amarillista y su equipo investigaban a la víctima. Luego, el escándalo. Si la víctima era proba y no se le encontraba nada, no había ningún problema: se le montaba una película con falsas “pruebas” o una trampa con carnada segura, de tipo sexual casi siempre. Según el nobel, El chino cayó en las garras de El Doctor, porque –para la segunda vuelta presidencial- éste llegó a conocer su gran secreto celosamente guardado: que había nacido en Japón. Registrado allá, sus padres lo habían traído muy niño a Perú. El chantaje le valió ser su mano derecha. Antes había llegado a capitán del ejército peruano y, por vender secretos militares a la CIA, fue juzgado y condenado por traición. En la prisión estudió Derecho y fue abogado de narcotraficantes peruanos y colombianos. Luego tuvo alianzas con Pablo Escobar por narcotráfico, con las Farc por narcotráfico y armas, etc.

Hoy la segunda exprimera dama de El chino, su hija Keiko Fujimori –¿nunca vio los crímenes de su padre?, ¿volteó su rostro hacia otro lado?-, es nuevamente candidata a la presidencia peruana con inmenso favoritismo. Después de todo ese pasado abusivo y criminal, uno se pregunta por qué los humanos somos masoquistas en política y buscamos sádicos políticos para que nos perjudiquen. Y ese proceder no es sólo de nuestro subdesarrollo latinoamericano. El austríaco Hitler alcanzó así a la primera magistratura de “los alemanes de Alemania” que, entre una ciega alharaca cerraron sus cultos ojos hasta que la trágica aventura bélica derrumbó su sueño junto con sus vidas, casas y familias. Acá estamos llenos de los Chávez, los Pinochet, los Castro y etcétera. Nuestra misma Patria Boba aún le rinde culto a su semidios.


Para primera vuelta, Keiko certificó un “compromiso” público. Algo así como, si llego a la presidencia me comprometo a no delinquir, a no a ser una criminal, a no dar un golpe de Estado, etc., palabras más o menos. Un blablá convertido en gran noticia. ¿Por quiénes? ¿Por el mismo halo de criminales que rodeó a su padre? ¿Quiénes la promueven y apoyan? Otra pregunta me asalta: por ser hija de un japonés nato, según se comprobó en el aparatoso, y al final fallido, intento de fuga a la justicia de El chino,  ella, ¿no es también japonesa? ¿La Constitución peruana lo permitiría? ¿Ha mostrado y demostrado sus documentos al respecto? 21.IV.16

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