Un hecho que estremeció a Colombia

Foto: Macario Rivera
Sucedió hace 35 años. Cursaba el noveno semestre del programa de ingeniería civil en la Universidad del Cauca. En aquella época las universidades de Nariño y del Cauca tenían un convenio mediante el cual los estudiantes adelantaban cinco semestres en la primera y los otros cinco en la segunda, para completar el plan de estudios y recibir el título de ingenieros civiles.

Unas tres semanas antes de la celebración de la Semana Santa unos cinco estudiantes nariñenses: cuatro de ingeniería civil y uno de medicina, decidimos quedarnos en Popayán durante la semana mayor, con el fin de asistir a los actos religiosos, especialmente los programados durante los días Jueves y Viernes Santo.

El día miércoles, antes de la Semana Santa, tres compañeros desistieron de la idea y el día viernes viajaron a la ciudad de Pasto.

Nos quedamos con Franco Jiménez, que al año siguiente terminó los estudios de medicina y en la actualidad ejerce su profesión en la ciudad de Pasto.

Vivíamos en las residencias universitarias Tuto González, cuyo edificio estaba ubicado en el barrio Caldas, muy cercanas a la sede de Tulcán de la Universidad del Cauca, en donde funcionaba la facultad de Ingeniería civil. Las residencias llevaban este nombre en homenaje al estudiante payanés Carlos Arturo “Tuto” González Posso, quien fue asesinado el 4 de marzo de 1971.

El miércoles 30 de marzo el América de Cali empató a un gol de visitante frente al Universitario de Lima en partido correspondiente a la primera fase de la Copa Libertadores de América. Los equipos colombianos América y Tolima jugaron con los peruanos Universitario y Alianza Lima, en esta fase.

Luego de mirar el partido en una cafetería, ubicada en una esquina, en seguida de las residencias universitarias (hoy Museo de historia de la Universidad del Cauca), me fui a la pieza, ubicada en el primer piso al fondo del pasillo central, en donde me puse a estudiar un rato y luego me acosté a descansar.

Al día siguiente a las 8 y 13 minutos de la mañana se presentó el terremoto que se prolongó por interminables segundos. En medio del susto, los estudiantes salimos al frente de las residencias y nos concentramos en un pequeño parque y en medio del aturdimiento empezamos a dimensionar la magnitud del evento.

Con Franco acordamos buscar la forma de viajar a Pasto, para lo cual primero teníamos que encargar todas nuestras pertenencias en un lugar seguro. Fue así como encontré a un amigo, que tenía su casa a unas tres cuadras, en la carrera 2 entre calles 4 y 5, en la subida al templo de la Ermita, y ahí dejé todos mis objetos de estudiante.

El panorama por todas las calles centrales de “la Ciudad Blanca” era desolador: casas caídas y en pleno parque Caldas afectadas la Catedral y la emblemática Torre del Reloj.

Antes del mediodía me dirigí a la oficina de Telecom y envié un mensaje a mis familiares residentes en la vereda Alto Ingenio, municipio de Sandoná, con los periodistas del Circuito Todelar que cubrían el evento sísmico, desde este lugar.

Con Franco y sus familiares, que llegaron a buscarlo, a las 6 de la tarde, aproximadamente, pudimos viajar en un camión desde Popayán hasta El Bordo y desde esta ciudad en un bus de servicio público hasta la ciudad de Pasto.

El Viernes Santo después del mediodía pudo viajar hasta la casa a reunirme con mi papá y mis hermanas y hermanos, quienes vivieron unas 30 horas de angustia porque no sabían que me había pasado. 

El Espectador en un artículo publicado el 28 de marzo de 2013 titulado “El día que la tierra rugió en Popayán” hizo memoria sobre este hecho: “Eran las 8:13 de la mañana del Jueves Santo. En sólo 28 segundos la ciudad de Popayán quedó semidestruida. Con una intensidad de 5,5 en la escala de Richter y una profundidad de 4 kilómetros, el movimiento telúrico causó la muerte de 267 personas, dejó 7.500 heridos y a más de cinco mil familias damnificadas.

En el campo de la ingeniería civil al año siguiente y concretamente el 7 de junio de 1984 el gobierno nacional expidió el decreto 1400, el cual entró en vigencia seis meses después y se constituyó en el primer código colombiano de construcción sismo resistente.

En el año de 1997 el Congreso de la República aprobó la Ley 400, mediante la cual se expidieron los reglamentos de construcción sismo resistente NSR-98, que sustituyó al Código de 1984 y la actualización expedida en el año 2010, conocida como Reglamento NSR-10, que se encuentra vigente en la actualidad.

Hace ocho meses nos encontramos con Franco y su familia en el parque principal de Sandoná y alrededor de una mesa, en el sitio donde venden helados de paila, recordamos el terremoto de Popayán del 31 de marzo de 1983.

Fotos: Cortesía Macario Rivera