“Donde manos dulces tejen los sueños en su sombrero”

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Así lo cantan Los Ajices, el tradicional grupo musical nariñense, en su canción “Sandoná es mi tierra”. Más de 130 tejedoras son sinónimo de progreso social, amor, fuerza y resistencia.


Muchos sandoneños aseguran que su municipio debería tener un poco más de reconocimiento. Los sombreros de palma de iraca, el Señor de los Milagros tallado en madera que mide 6,50 metros, el café, las melcochas del parque y las más de 130 mujeres que hacen parte de la Asociación de Tejedoras Juanita sustentan esa afirmación.

Sandoná, en el suroccidente de Colombia, es uno de los 64 municipios del departamento de Nariño. Está ubicado a 48 kilómetros de Pasto, en un valle nariñense antiguamente conocido como el Llano de los Aguacates, y a pesar de su cercanía con la fría capital es casi tan cálido como sus habitantes.

Sandoná huele a café, a palma y a melcocha. Se ve como un pueblo campesino con calles inclinadas, rodeadas de montañas de diferentes tonos de verde, con sus abundantes cultivos y, a lo lejos, las torres de la imponente basílica de Nuestra Señora del Rosario, de estilo gótico y construida en piedra.

Sandoná es pueblo de campesinos y artesanos. Según Artesanías de Colombia, “aprovechando la fibra de la palma de iraca o palma toquilla (Carludovica palmata), los tejedores han asombrado al mundo artesanal con sus sombreros y otros objetos de uso doméstico y ornamental”.

Tradicionalmente, los hombres son los encargados de recolectar la paja, preferiblemente en luna menguante, escogiéndola según su color y finura. Después de secarla y blanquearla, y en algunos casos teñirla, las niñas, mujeres y ancianas se dedican al tejido en un taller familiar.

En el Barrio Obrero, paradójicamente, todos los días se encuentran artesanos en el taller de la Asociación de Tejedoras Juanita, que con sus manos creativas fomentan la tradición y el arte de tejer.

La Asociación de Tejedoras Juanita tiene como principal habilidad el tejido a mano de la iraca o paja toquilla, que es una fibra natural, herencia ancestral desde hace más de cien años que se ha transmitido de generación en generación, además de la creación de colores en sus tonos y gamas a través de la anilina, el nogal y el pichuelo, estos dos últimos materiales vegetales, para el teñido de la iraca y su posterior tejido.

Juana Castillo, una sandoneña de 56 años, quien desde los siete aprendió el oficio gracias a su mamá, es la protagonista de este trabajo, aunque por su humildad, una de sus principales características, aún no lo acepte. “No soy sólo yo, somos 131 mujeres, la mayoría cabezas de familia, y seis hombres, los que conformamos la Asociación”, dice. Son de todas las edades, desde niñas hasta mayores de sesenta años, que pertenecen en su gran mayoría al sector rural y un menor porcentaje al sector urbano.

Creo en un comercio más humano y sostenible”, asegura la tejedora, quien gracias a su talento y su trabajo con la comunidad ha logrado importantes reconocimientos. Con el paso de los años, su trabajo de transformar en arte unas hebras naturales es cada vez más valorado.

Las Juanitas, como se conoce a estas mujeres tejedoras, tienen una gran memoria visual y talento innato en el diseño de diversos estilos, modelos, combinación con otros materiales y acabados de accesorios en decoración, de oficina, hogar, bisutería y, por supuesto, en sombreros, de excelente calidad y buen gusto, que le han dado gran reconocimiento y aceptación entre los más exigentes diseñadores, empresarios y diplomáticos de otros países, según se cuenta en la Asociación. Además, sus productos tienen el sello de calidad hecho a mano de Icontec.

Sus artesanías la han hecho famosa a nivel local, nacional y mundial. Son de tal calidad que en forma de accesorios estuvieron en desfiles de modas en Milán (Italia) en 2005 y actualmente gozan de un amplio reconocimiento y uso en las principales pasarelas nacionales e internacionales.

Cuando esté en Nariño no olvide pasar por Sandoná. Recuerde que en una esquina del Barrio Obrero hay una casa colorida, por fuera y por dentro, que recibe con amor y conocimiento a todos sus visitantes.

Artesanías amigables con el medio ambiente, hechas a mano; mujeres líderes que generan progreso social con sus manos creativas y trabajadoras: un ejemplo de fuerza, dedicación y amor por lo más propio.

Juanita ya completa 47 años con esta tradición y no sólo sus tres hijos y su esposo la acompañan. También las más de 130 mujeres y los seis hombres que a través de Juana Castillo están comprometidas con su familia, con su departamento y con su país. Sandoná debería tener un poco más de reconocimiento; las Juanitas y su arte, también.

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