Dos formadores de deportistas…

Mi ventana
Por Ramiro García
ramigar71@hotmail.com

Esa bella y épica religión llamada ciclismo, cuyo número creciente de adeptos practicantes guaicosos data desde nuestra época de adolescentes, por allá en los 60s, tuvo como termómetro principal la ida y vuelta desde el poblado hasta lo que conocíamos como La Granja. Un alucinante trayecto en tierra, afirmado con “cascote”. ¡Eso sí que era adrenalina pura!

De ida, no hacíamos más que pensar que al regreso, por la subida hacia el lugar donde permaneció la icónica valla PIELROJA, nuestra virilidad se derretiría como consecuencia de los pedalazos en aquellas pesadas “ciclas” de puro y consistente metal. Por autoestima y temor al bulling de nuestros compañeros de aventura deportiva sabatina, bajarse de aquel mamotreto era impensable. Siempre adelante, así las fuerzas flaquearan…

De otra parte, tardar en el recorrido de ese trayecto más del tiempo presupuestado, implicaba cancelar una paga adicional por el alquiler del vehículo en la “agencia de ciclas”. Y, regularmente, ese dinero escaseaba.

Pues bien, esa doblemente inquietante sensación nos la procuraron dos personajes de la época: mi vecino, el profesor Heriberto Montilla y el maestro Lucio Montezuma; ambos propietarios de sendos establecimientos dedicados al alquiler y reparación de bicicletas. Ni el profesor ni el maestro fueron docentes de la academia, pero sí laureados por el conocimiento empírico y la percepción innata en la formación e influencia sobre jóvenes con ansias de practicar el deporte de las bielas, una afición progresiva en este país que fue, es y será ciclismo puro. No cabe duda.

Mientras el profesor Montilla se destacó por su conocimiento, inquietud y disciplina sobre los deportes que practicaba y orientaba, el maestro Lucio fue empírico, perspicaz e intuitivo. El primero equilibrado y parco en la expresión oral; el segundo demasiado locuaz, tanto que cariñosamente lo conocimos como “loco Lucio”. En un juego de palabras, un loco lúcido.

Curiosamente, los dos personajes de características contrariadas coincidieron en olfatear las condiciones, competencia y calidad ciclística de quien fuera una de las figuras más destacadas en esa disciplina deportiva regional, el pedalista Orlando Suárez Andrade.

Podría afirmar que ellos, en concordancia con su propio estilo y óptica contribuyeron en la formación y mejora de las condiciones y desempeño de aquel extraordinario ciclista; a la postre, prematuramente retirado.

Recuerdo que participó en una Vuelta a Colombia, cuando en aquella época era impensable que uno de los nuestros brillara al lado de Gomajoa, Carlos Campaña o Wilfredo Insuasty.

Al cabo de muchos años de practicar y orientar el deporte en sus diversas manifestaciones, don Heriberto Montilla abandonó esta dimensión; Lucio lo hizo el pasado domingo, 8 de julio.
Cuesta confirmar que la noticia ha causado mayor trascendencia entre sandoneños migrantes.
En consecuencia, estas apuradas pero honestas palabras expresan mi reconocimiento póstumo a aquellos dos personajes de la afición ciclística que hilaron historia en el ámbito deportivo local.


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