Ecos del onomástico de Pasto

El despertador del sur                                        
Por: Jorge Arturo Bravo
despertadordelsur@hotmail.com

Terminó el pasado domingo 24 de junio, la celebración, con bombos, platillos y timbales, del 481 Onomástico de nuestra querida San Juan de Pasto, una celebración que prácticamente se centró en nuestra cada vez más deteriorada, fea y sucia Plaza de Nariño, la vergüenza para la capital nariñense y -al final -como dice Sandro de América en una de sus bellas canciones- la vida sigue igual-; todo volvió a la normalidad después de varios días de derroche de alegría, de jolgorio y de despilfarro de los dineros del erario público, de la platica de nuestros impuestos, esos que todos, sin discriminación alguna, ni de sexo, ni de edad, ni de credo político, pues todos tenemos que pagar.


Interesante y muy necesario, así lo consideran muchos pastusos sensatos, aquellos que saben mirar un poquito más allá de las narices, yo estoy de acuerdo con ellos, ante tantos comentarios que se escuchan, que la administración municipal y particularmente quienes estuvieron al frente de la organización de toda la programación que se presentó, rindan cuentas de lo que se invirtió, ante el Concejo de Pasto, quien debe solicitarla, también ante la ciudadanía en general, pues se dice que fueron más de mil millones de pesos los que se invirtieron.

Se afirma también, que fue una fundación, la encargada de la organización, una fundación claro está, conformada por los llamados mercaderes de la cultura, aquellos que sí saben cómo y para qué se contrata con el gobierno, y máxime con un gobierno tan complaciente y demagogo como el que tenemos, nosotros estaremos investigando si realmente fue así o no, por eso es necesario que el Concejo Municipal de Pasto cite a todos los organizadores, en cabeza del señor alcalde máximo representante del municipio, para que den las explicaciones correspondientes, porque no debemos olvidar aquella frase de la sabiduría popular “cuando el río suena es porque piedras lleva”.

Pero lo que sí quedó demostrado una vez más, es que la mal llamada Plaza del Carnaval y la Cultura, aquella que en su construcción se invirtieron más de 25 mil millones de pesos, sigue siendo “el más grande elefante blanco de la ciudad”, pues ni siquiera en este onomástico se programó al menos, un solo evento.


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